EVOLIBERALISMO

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Gustavo Luna
La Paz, (Hora 25).- El 26 de diciembre de 2010, la ambigüedad “izquierdista” que encubría la orientación de las acciones del gobierno de Evo Morales quedó herida de muerte frente a la realidad. La “nivelación” de precios de la gasolina, con un incremento cercano al 80% de la gasolina y el diésel, fue un mazazo del que difícilmente podrá salir el Gobierno para volverse a llamar “nacionalista” o de izquierda, motes por los que transitó, retórica mediante, durante el lustro que le tocó conducir el Estado en medio de un proceso sociopolítico complejo y dinámico.

Ese hecho significó el signo más claro sobre el paso del neoliberalismo al evoliberalismo, para que el ego presidencial se quede tranquilo. Se ha inaugurado una etapa en la historia reciente, en la que los sectores populares, seducidos por la figura de sindicalista y la apariencia de originario del Presidente (en realidad es quizás tan mestizo como muchos de nosotros) adornado por el poder del Estado, ya no le crean, como hasta el pasado año, que es un representante genuino de las mayorías empobrecidas.

En la corta transición de vigencia del Decreto Supremo 748, y luego de su abrogación, el Gobierno ha mostrado una firme convicción de “responsabilidad” frente a lo que significa el subsidio a la gasolina y el diésel para las arcas estatales, justificando el hecho sobre la base de que no se trataría siquiera de un subsidio eficaz por la acción del contrabando que permite que otros lo aprovechen mejor. Sobre este débil hilo argumental, confrontaron la movilización más dura de su gestión, la que finalmente obligó a que se dé marcha atrás en la impopular medida.

Aunque haya sido el argumento esgrimido como central, la insostenibilidad del subsidio y el contrabando de los líquidos hacia países vecinos representan más el efecto que la causa central de la medida. El trasfondo de la discusión tiene que ver con la sostenibilidad energética, la misma que está estrechamente ligada al poder de las empresas petroleras en el sector, y la necesidad del Gobierno de darles certidumbres para la inversión y condiciones para que hagan buenos negocios.

Ni la soberanía ni la sostenibilidad energéticas son una realidad luego de la impostada
“nacionalización” del 2006; en el país existe tanta dependencia de la inversión extranjera en el sector como antes del 2005, y éste danza al ritmo de las empresas petroleras en materia de inversión para su desarrollo, sin que la empresa estatal haya movido un dedo para transformar esta realidad. Por ello, con el “gasolinazo” quedó al desnudo no sólo la ineficiencia de la gestión pública, sino sus principales beneficiarios, que no son precisamente los más pobres y desposeídos del país. (Gustavo Luna/CEDLA)

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